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San Pablo: Año Paulino |
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| El pensamiento paulino y las Personas Sordas: | |
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¿Qué tenes que no hayas recibido? (1 Cor. 4,7) |
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Las personas sordas suelen comunicarse mucho entre sí y están más tiempo juntos por eso es normal que se conozcan y se comprendan mejor.
Siempre hay algún niño sordo que suele destacar, por lo cual si la catequista encuentra dificultades con un niño determinado para entenderse, no tenga reparos en usar de aquel niño que ya haya comprendido. Verá como ellos han llegado a comprenderse mutuamente y de paso les ha incitado a la colaboración, a tomar conciencia de que han de ayudarse mutuamente.
Por una educación defectuosa en la familia en donde han sido mimados o sobre protegidos se les ha estimulado el ego creyéndose con todos los derechos.
Será preciso hacerles tomar conciencia que los dones que hemos recibido de Dios son para el bien de la comunidad, nunca para nuestra presunción. |
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Me hago judío con los judíos y griego con los griegos, con tal de ganarlos a todos para Cristo. (1 Cor. 9,20). |
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Y es Cristo, el Dios encarnado el que se acomodó a nosotros para facilitamos el descubrimiento del Padre.
Tenemos que ser fieles a la persona sorda acomodándonos a ella en la medida de nuestras posibilidades.
Hacerse sordo con los sordos es tarea sumamente difícil, y mucho más para la persona que oye, que se ve rodeada de un entorno sonoro, que suele cantar para levantar el corazón a Dios. Prescindir de ello, despojarse de esa mente cultivada a través del sentido del oído, aunque sea temporalmente, podría ser una empresa superior a vuestras fuerzas, si no contásemos con la gracia de Dios. El sordo es sujeto de salvación. Jesús, «hizo oír a los sordos y hablar a los mudos» (Mc. 7, 37), se preocupaba por nosotros y eso nos obliga a ir a ellos y hacernos como ellos para ponerles en contacto con el amor de Dios.
Somos sembradores y debemos conocer con antelación el terreno que vamos a sembrar, pero, sin olvidar nunca, que el don de Dios, la gracia, es obra del Espíritu Santo. |
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¿Se tiene el don de las lenguas? Que hablen dos, o a lo sumo tres, y por turno, y que alguien interprete. Así todos tendrán oportunidad de evangelizar, uno por uno, para que todos sean instruidos y animados. (1 Cor. 14.27, 31) |
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Muchos piensan que la “Misa con intérpretes” es sólo interpretarla con señas, pero también hay quienes modulan la boca para sordos e hipoacúsicos que dominan muy bien la lectura labial y que no tienen conocimiento de lengua de señas.
Pero, ¿es necesario para el catequista saber hablar por señas? Si está con oralistas, no. Pero la mayoría dentro de la Comunidad Sorda la utiliza por lo que sería recomendable aprenderla. Existen muchas escuelas donde se estudia la lengua de señas pero no tratan las señas litúrgicas.
Éstas surgen en la catequesis con la Comunidad Sorda. A medida que tienen claros los conceptos y términos, van surgiendo las señas correspondientes. Es una idea de muchos pensar que la lengua de señas es universal y no es así: cada país tiene sus señas. Por ejemplo, en la Argentina, cada provincia difiere en algunas palabras.
Existen señas desiguales entre jóvenes y adultos pero esto pasa en toda lengua.
Si bien el intérprete es muy importante, debemos mostrale a la persona sorda que Dios está presente igual sin él. |
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